Decidimos dar una vuelta en moto para airear nuestros pensamientos. De nuevo un rebaño de ovejas se cruza en nuestro camino. En el pueblo de Drácula, estas pobres criaturas parece que han sido mordidas en la grupa. Pacientemente esperamos a que pasen y nos largamos de allí envueltos en mil dudas y en un embriagador perfume ovino.
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