Octavo día de viaje.

El día empieza con una llamada a la embajada. Tras identificarme, empiezo a relatarles lo que nos había ocurrido un par de días antes en Zam. A media explicación la funcionaria me interrumpe y me dice: "perdona, la compañera que lleva los temas de tráfico está de vacaciones y no vuelve hasta dentro de diez días". No me lo puedo creer. Le digo que me parece fantástica la idea de cogerse las vacaciones justo en agosto y que no haya otra persona sustituyendo su labor ya que, si a algún español se le ocurre ir de vacaciones a Rumanía suele ser en este mes... que además, realmente tenía serias dudas sobre la actuación policial, sobre los trámites que tenía que hacer y sobre la legalidad de todo este embrollo. Ante mi asombro, me pide que le termine de contar lo sucedido. Lo hago y además le pido por favor si pueden llamar a la comisaría central de Deva para informarse de mi caso, a lo cual me responde: "no podemos intervenir". Me quedo a cuadros, le digo que no es intervenir sino pedir información y me vuelve a decir: "esa no es una función de la embajada"... Para tranquilizarme me dice que le "suena" el plazo de los quince días pero que lo del justificante para conducir no lo ha oído en la vida... que coja un taxi, me plante en Deva (a 300km y 6 horas de viaje) y aclare mis dudas con el comisario jefe...

No sé qué es lo que esta funcionaria asesina entiende por tranquilizar a un conciudadano en apuros pero desde luego el efecto surtido en nosotros es justo el opuesto.

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